Barbas famosas
Vladimir Ilyich Lenin era partidario de la barba estilo Van Dyke, que debe su nombre al famoso pintor holandés del siglo XVII. Pero tuvo que rasurársela para poder entrar al país desde Finlandia sin que lo reconocieran para liderar la Revolución de Octubre de 1917. Según un rumor, fue Stalin quien se la afeitó. Lenin no permitió que nadie lo fotografiara hasta 1918, cuando sintió que su imagen había recuperado su valor propagandístico.
Fidel Castro se dejó crecer la barba por razones prácticas cuando acampaba en las montañas cubanas con su ejército rebelde. Pero cuando la gente comenzó a llamarlos "Los Barbudos" se dio cuenta de su poder. "Nos dejamos la barba para preservar el simbolismo de la Revolución", escribió en su autobiografía. Esto llevó a la CIA a concebir un plan en los años 60 para ponerle sal de talio en los zapatos: "un depilatorio potente que causaría que su barba, las cejas y el vello púbico se le cayera, como un Sansón".
Charles Darwin se dejó crecer la barba después de los 50 años. Sufría de un eczema terrible, que se ponía peor cuando se afeitaba.
Abraham Lincoln sólo usó barba durante los últimos cinco años de su vida. Pero su decisión de adoptarla le dio un estatus icónico: muchos todavía hablan de la "barba a lo Lincoln". Antes que él, ningún presidente estadounidense se la había dejado crecer. Después de él y hasta que William Howard Taft asumió la presidencia (en 1913) todos llevaron barba o bigote, con la excepción de Andrew Johnson y William McKinley.
No hay comentarios:
Publicar un comentario